LAS VENAS ABIERTAS DEL EXPOLIO NAZI A LA CULTURA.

En el año 2006 una pintura de Gustav Klimt fue subastada por la suma de 135 millones de dólares. Pero ¿qué es lo que hace tan particular a esta pintura? Se trataba del retrato de Adele Bloch-Bauer I conocido como  la Dama Dorada una pintura que había sido expoliada a la familia judía Bloch-Bauer, y cuya octogenaria sobrina, Maria Altman, logró luego de una ardua lucha lograr que le fuera restituida.

Adele era la esposa de Ferdinand Bloch Bauer, un poderoso empresario azucarero de Viena. En su residencia solian reunirse personalidades de la talla de Sigmund Freud, el compositor Richard Wagner y el propio Klimt, quien para la época ya era un artista reconocido, y a quien le encargó retratar a su amada esposa Adele.

Para esa época, la ciudad de Viena se había convertido en centro de grandes avances y movimientos culturales, en la que coexistían artistas y pensadores de diversa índoles. Freud realizaba sus primeras teorias psicoanalíticas, a la par que Strauss componía Electra.

Adele murió en 1925 y su deseo fue que sus pinturas fueran donadas al museo de Belvedere, claro que la pobre Adele no sabía que trece años después la ocupación nazi vendría acompañada por el saqueo y robo descarado de todo el patrimonio de las familias judías, entre ellas las joyas y obras de arte de la familia Bloch-Bauer. El propósito de esto, según los nazis, era capturar el arte forjador de la cultura vienesa y que se encontraba en manos extranjeras.

Al finalizar la guerra, comenzaron a pergeñar diversos comites que pretendían identificar y restituir a sus dueños los objetos expoliados.

Pasaron muchos años hasta que una descendiente de Adele decidió entablar una batalla legal contra el gobierno austríaco para reclamar que le devolvieran las obras de arte que legítimamente pertenecían a su familia. Para la época, La dama de oro se había convertido en la Gioconda austríaca, y era considerada uno de los pilares de la sociedad, además de ser una de las joyas del arte mundial.

Pero el caso de El retrato de Adele Bloch-Bauer es uno de los miles de casos que hasta hoy existen. Aún hay miles de piezas que no han sido devueltas a sus legítimos dueños, muchas de ellas incluso pueden ser apreciadas en museos, como por ejemplo el cuadro titulado “Rue St. Honoré, aprés-midi, effet de pluie”, obra del pintor francés Camille Pissarro, uno de los fundadores del movimiento impresionista, tasado en 13 millones de euros, que el museo Thyssen-Bornemisza de Madrid se niega a restituir a su dueño, Claude Cassirer que afirma que el mismo pertenecía a su abuela Lilly Neubauer.

Si bien en la últimas décadas y frente a la presión internacional sobre la recuperación de arte robado por los nazis ha generado que se celebren diversos acuerdos internacionales sobre el tema, hasta hoy existen unas 25.000 piezas expoliadas. Mil pinturas de maestros medievales y renacentistas. Veintidós de ellas llegaron a España en 1944. Para su sorpresa, fueron bloqueadas en Bilbao: Holanda las reclamaba. Pero el Gobierno franquista impidió su restitución. Incluso el Prado, indiferente a su origen, quiso comprar dos cuadros. En 1949, Exteriores levantó el bloqueo. Miedl y sus tesoros (El Greco, Frans Hals, Van Dyck) se desvanecieron para siempre.  La aparición en Múnich de 1.280 obras en posesión de Cornelius Gurlitt, cuyo padre fue galerista de Hitler, ha avivado el debate. El Gobierno francés admite que en sus galerías hay 2.140 obras (de Tiepolo a Cézanne) que se creen expoliadas a familias judías. Alemania ha escudriñado 690.000 objetos de sus museos. Un 5% podría ser arte robado a los judíos.

Fueron recién en los años 90 cuando se comenzó a develar la política sistemática de robo que se había perpetrado contra los judíos, pero también la forma en que varios gobiernos, directivos de museos, dueños de galerías y comerciantes de arte se venían oponiendo a investigar sobre el tema y a restituir de manera efectiva los bienes y obras de arte a sus dueños. Asi, en 1998 se suscribieron los Principios de la Conferencia de Washington sobre arte confiscado por nazis, no de manera vinculante al incluir distintas legislaciones entre sus miembros, pero sí con la clara voluntad de investigar y llegar a acuerdos justos sobre obras del expolio nazi.

Tras la firma de los Principios, por ejemplo, el Parlamento de Austria aprobó una ley que obligaba a los museos la apertura de todos sus archivos y la devolución de las obras que se comprobara habían sido robadas por los nazis. Sin embargo, aún existen países en los que sólo se obliga a devolver lo robado a los museos públicos, no a los privados, o en los que si una persona alega que lleva más de 30 años con una obra robada, pero no sabía de su verdadero origen, la propiedad de su anterior dueño prescribe.

El problema es que como los Principios no son vinculantes, en una nueva reunión de seguimiento que se realizó en 2009 en Praga (República Checa), se hizo una nueva declaración, ahora con 46 Estados firmantes (incluidos los mismos tres de América Latina: Argentina, Brasil y Uruguay), en la que todos aceptaron reformar sus sistemas legales internos para adaptarlos a los Principios. Hoy, sin embargo, la mayoría sigue sin cumplir con su palabra.

La UNESCO aún tiene un instrumento normativo en preparación desde el año 2009 al que denomina Proyecto de declaración de principios relativa a los objetos culturales desplazados en relación con la Segunda Guerra Mundial, en varios informes, sin embargo hasta ahora nada hay en concreto y el camino jurídico es complejo, depende mucho de la fortaleza de los reclamantes, de la capacidad de sus asesores jurídicos y de las pruebas con que cuenten, una simple foto podría ser de gran valor, pero no es imposible y recorrerlo vale la pena, como lo demuestra la obra titulada “Retrato de un Hombre” y atribuida al taller del alemán Joos van Cleve (1485-1541), fue entregada a Henrietta Schubert y Christopher Bromberg, herederos de la familia Bromberg y que fuera devuelto por Francia a los herederos de Hertha y Henry Bromberg, quienes debieron exiliarse de Alemania en 1938; o los herederos de Alexander Lewin que lanzaron un procedimiento para obtener la restitución del cuadro en 2005, y que lograran se les restituyera el cuadro, “Paisana sin sombrero con pañuelo blanco”, del pintor Wilhelm Leibl (1844-1900) que formaba parte de la colección del museo de Bremen (norte) desde 1966. La restitución del lienzo de 37,5 cm sobre 29,5 cm se decidió luego de la investigación de una comisión especial encargada de recomponer su historia. El lienzo lo había comprado en la década de los treinta Alexander Lewin, un coleccionista de arte y dueño de una fábrica de sombreros.

La lucha de los herederos no es solo es una forma de hacer justicia ante tal genocidio sino también de cerrar o intentar al menos hacerlo, las heridas abiertas por el “robo y exterminio masivo” que supuso el expolio nazi y que aún siguen sangrando.

CONTINUARA…